Friday, April 15, 2011

Todays Poem

Pablo Neruda
translated by Jodey Bateman
SOME BEASTS

It was the nightfall of the iguana
from his rainbow-colored crest
his tongue like a dart
sank into the greenery
The monastic ant colony stepped
with musical feet through the jungle.
The wild llama, as delicate as oxygen
in the wide brown high country
went walking in his golden boots
while the tame llama opened
his candid eyes onto the daintiness
of a world filled with dew.
The monkeys braided
an endless erotic thread
along the shores of daybreak
bringing down walls of pollen
and frightening the violet flight
of butterflies on the river.
It was the night of the alligators
the pure, pulsing night
of snouts sticking out of slime
and from the drowsy swamps
the dull noise of scale armor
goes back to the origin of the earth.
The jaguar touched the leaves
with his glowing absence.
The puma runs through the thicket
like a devouring fire
while in him are burning
the alcoholic eyes of the jungle.
Badgers are scrabbling the banks
of the river, sniffing at a nest
full of living delicacies
which they will attack with red teeth.
And in the depth of the great water
like the circle of the earth
is the giant anaconda
covered with ceremonial paint,
devouring and religious.

ALGUNAS BESTIAS

Era el crepúsculo de la iguana.
Desde la arcoirisada crestería
su leengua como un dardo
se hundía en la verdura,
el hormiguero monacal pisaba
con melodioso pie la selva,
el guanaco fino como el oxigeno
en las anchas alturas pardas
iba calzando botas de oro,
mientras la llama abria cándidos
ojos en la delicadeza
del mundo lleno de rocio.
Los monos trenzaban un hilo
interminablemente erótico
en las riberas de la aurora,
derribando muros de polen
y espantando el vuelo violeta
de las mariposas de Muzo
Era la noche de los caimanes,
la noche pura y pululante
de hocicos saliendo del légamo,
y de las ciénagas soñolientas
un ruido opaco de armaduras
volvía al origen terrestre.
El jaguar tocaba las hojas
con su ausencia fosforescente,
el puma corre en el ramaje
como el fuego devorador
mientras arden en él los ojos
alcohólicos de la selva.
Los tejones rascan los pies
del río, husmean el nido
cuya delicia palpitante
atacarán con dientes rojos.
Y en el fondo del agua magna,
como el círulo de la tierra,
está la gigante anaconda
cubierta de barros rituales,
devoradora y religiosa.

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